El Salón de La Fama

Cuenta la leyenda que Abner Duobleday, militar galardonado en la Guerra Civil Estadounidense, en un arranque de inspiración creó los fundamentos del béisbol. Esa inspiración, al parecer, tuvo lugar en un remoto poblado del estado de Nueva York. El poblado se llama Cooperstown.

En el intento de llevar turistas a la deprimida población, la Fundación Clark, patrocinada por el fabricante de las legendarias máquinas de coser Singer, fundó el 12 de junio de 1939 un pequeño museo para exhibir importantes objetos relacionados con este deporte. Las Grandes Ligas comenzaron a interesarse en el museo como algo importante y empezaron a promocionarlo. Anualmente recibe una visita aproximada de 350.000 personas por año y se estima que ya ha superado la cifra de 13 millones de visitantes.

La importancia del Salón de la Fama no se reduce a la edificación y los objetos históricos. La máxima importancia hoy se refleja en la función especial de designar, a través de la votación de los cronistas y escritores de béisbol (BBWAA, por sus siglas en inglés), de los jugadores de Grandes Ligas cuya carrera fue digna de ingresar a tan importante listado. La votación, que puede ser pública o secreta, elige en un universo actual de cuatrocientos cronistas aproximadamente, las estrellas que pueden hacer parte de ese selecto club.

Existen varias condiciones para ser elevado a la categoría de inmortal en Cooperstown. Los criterios a tomar en cuenta para votar por un jugador elegible al Salón de la Fama son: los récords, las habilidades en el juego, la integridad personal, el comportamiento o trato justo hacia sus compañeros, la personalidad y la contribución a los equipos en los cuales ha jugado. Los votantes deben sopesar todos esos aspectos para escoger a sus favoritos. Pueden escoger a un máximo de diez dentro de la boleta de candidatos. Para ser elegido, se debe obtener el favor del 75% de los electores. Sólo un jugador, el extraordinario cerrador de los Yankees, Mariano Rivera, ha obtenido el 100% de los votos. No hubo nadie que no votara por él.

Los candidatos deben superar el umbral anual de 5% y tienen una línea de tiempo de diez años para poder ser elegidos. Quien no obtenga el 5% señalado, será excluido del tarjetón. Si a los diez años, no se llega al porcentaje esperado, el pelotero desaparece de la lista de elegibilidad. Este año nadie pudo lograr tan codiciado galardón. Curt Schilling, famoso lanzador de Arizona, Boston y otras franquicias, se quedó corto en su noveno año de elegibilidad. Le faltaron 16 votos para poder ingresar al Hall of Fame.

Barry Bonds y Roger Clemens, famosos en el terreno de juego, pero cuestionados actitudes sospechosas, se están quedando cortos también en su noveno año. El latinoamericano que más cerca tiene esta posibilidad, el paracortos Omar Vizquel, este año vio reducido su porcentaje de favorecimiento y perdió tres puntos porcentuales. Logró en 2021 el 49.1%, aunque apenas está en su cuarto año.

A no ser por los criterios señalados en párrafos anteriores, Schilling, Bonds y Clemens, hace rato estuvieran en el Salón. Inclusive, Vizquel estuviera más cerca que nunca. Los temas que les nublan sus brillantes carreras pasan por la homofobia y la discriminación racial, en el caso de Schilling, el uso de sustancias prohibidas para mejorar rendimiento (Bonds/Clemens) y los casos de supuesta violencia intrafamiliar, cuando se habla de Vizquel. Estas actuaciones por fuera del terreno de juego están pesando mucho a la hora de la elección. Es tan sensible el tema que, ayer Curt Schilling pidió que se le excluyera de la papeleta para el último año de elegibilidad. No soportó el dictamen del conteo de las boletas y montó su “pataleta”.

Quien no sea elegido en los diez años, le queda la opción de postular su nombre ante el Comité de Veteranos, el cual tiene la posibilidad de entronizarlos, así sea de manera póstuma, como lo ha hecho en varios casos.