La Expansión

Con ribetes dramáticos, muy propios de todas las finales, terminó la temporada 2020-2021 del béisbol rentado colombiano. Un torneo del que se tuvo muchas dudas que arrancara debido a razones de diferente orden, pero la Liga supo capotear todos esos nubarrones y finalmente llevó el barco a puerto seguro.

A raíz de la terminación del torneo se han disparado las intenciones de armar equipos en diferentes ciudades del país y crear una atmósfera expansionista, es decir, pasar de cuatro equipos hoy, a seis, ocho, tal vez diez. Se escuchan con fuerza los nombres de San Andrés Islas, Bogotá, Cali, Medellín, nuevos equipos en Sincelejo y Cartagena y plazas intermedias como Lorica o Corozal.

Sinceramente creo que es muy difícil oponerse a tales intenciones. Todos queremos ver más consolidado el deporte de la pelota caliente y sería muy bueno ver equipos por lo menos en todas las capitales de la costa, excepción hecha de Santa Marta, Valledupar y Riohacha, donde el béisbol no es un deporte representativo.

El deseo es muy bueno pero tengo unas objeciones a tan noble propósito.

Primero hay que considerar el tema económico. Una franquicia de béisbol hoy debe garantizar una cifra de mil millones de pesos para una temporada. Y, seguramente, me estoy quedando corto. Se podría estar hablando de mil quinientos millones de pesos para tener cierta holgura económica. ¿Podrán hacer este esfuerzo económico algunas ciudades de mediano crecimiento, ciudades que no se les conoce una vocación industrial o que no sean generadoras masivas de empleo? La verdad, lo dudo. Con economías incipientes y sin grandes empresas que patrocinen, eso se volvería una quimera.

Hay otro aspecto no menos importante y es el de la base peloteril. Colombia actualmente cuenta con más o menos un centenar de beisbolistas fichados por las diferentes organizaciones a través de sus sistemas de Liga Menor. Con los que ya no están en estado activo en las granjas pero que se mantienen en actividad en Colombia, podríamos estar juntando un poco menos de ciento cincuenta deportistas.

El torneo colombiano que acaba de finalizar tuvo una composición de 35 peloteros por novena, 25 de ellos criollos. Para llegar a la cifra de seis equipos de la temporada 2019-2020 tendríamos el número justo de beisbolistas nacionales por equipo. Si se aspira a crecer a ocho, necesitaríamos doscientos jugadores nacionales, y si se quiere llegar a diez, como han comentado algunos, necesitaríamos doscientos cincuenta peloteros del terruño. La pregunta es ¿Dónde están?. No los hay. Tendría que variarse sustancialmente la composición y repartir los ciento cincuenta que aproximadamente tenemos en las diez franquicias para una asignación de quince por equipo. Necesariamente habría más extranjeros que nacionales y eso echaría al traste los propósitos de ser una liga de desarrollo.

Hay un tercer aspecto y es el de las fichas. Actualmente hay activos en la Diprobeisbol seis cupos. Los cuatro que participaron más Toros de Sincelejo y Leones de Santa Marta, que no estuvieron este año en la contienda. Tengo entendido que el máximo de cupos de que dispone la Federación Colombiana de Béisbol es de ocho. Habría solamente dos cupos más. Para aspirar a nuevos equipos en ciudades en donde ya exista uno hay que pagar quinientos millones de pesos más la afiliación.

Las consideraciones anteriores son grandes barreras de entrada para las ilusiones de muchas ciudades que aspiran a tener béisbol. Ojalá que esto no se trate de entusiasmos pasajeros, sino de proyectos serios y bien cimentados. A veces por hacer más, se hace menos. Una explosión de equipos posiblemente traiga un bajón en la calidad. Me inclino a que se vuelva a seis equipos y una posibilidad de crecimiento a ocho en unos cuatro o cinco años más, cuando el béisbol se haya consolidado de una mejor manera y tengamos el material suficiente.